viernes, abril 30, 2010

La construcción mediática sobre las elecciones de la FEUE-Q.


Por: Franklin Falconí

El proceso de elecciones para los nuevos representantes estudiantiles de la FEUE de Quito, -visto a través de los medios masivos- siguió un libreto como el de aquellos cuentos en los que ya se conoce el final. La trama narrativa ideada en las oficinas de rectorado y del movimiento gobiernista Alianza País, se cumplió con toda exactitud: el titular estaba escrito mucho antes de que se inicien las votaciones: “32 años de dominio del MPD en la Central, terminaron”.

Si lo vemos desde la perspectiva del análisis semiótico, bien podríamos establecer un esquema sintagmático para esta “cobertura periodística”, como los que Humberto Eco establece para la mayoría de producciones televisivas y cinematográficas en el género de acción:

1.- El jefe le da una tarea a James Bond. En este caso podríamos decir que el rector Edgar Samaniego es el jefe, y le entrega una tarea al Movimiento Nueva Universidad (el Bond del cuento): vencer al FRIU.

2.- El villano aparece y le da una primera señal a Bond. En este caso es el FRIU-MPD (así lo presentan), que aparece en la historia denunciando irregularidades en el proceso, como si quisera dar una dura guerra. Es mostrado como el detestado enemigo al que hay que vencer.

3.- El villano captura a Bond y está a punto de ganarle. El FRIU, según los reportes periodísticos, trató de imponer la vieja receta de la violencia para ganar las elecciones. Algo falso pero coherente con el discurso periodístico que siempre han hecho sobre este frente político universitario.

4.- Bond vence al villano. Finalmente, el Movimiento Nueva Universidad es declarado ganador, luego de “heroicas” acciones que se dieron en el Estadio Universitario, como permitir el ingreso de la Policía a los predios de la Central, y el traslado de las papeletas del sitio donde originalmente debían ser escrutadas, todo “para precautelar la seguridad de las urnas”.

Según Hodge y Kress, en determinadas narrativas el esquema equilibrio-ruptura-equilibrio, en el que el espectador sospecha lo que sucederá al final, sirve para “naturalizar el contenido de la misma narrativa”. Se trata de una clausura narrativa; es decir, un refuerzo de la lectura preconcebida, que le hace sentir al espectador que tuvo la razón. En el caso de la cobertura de las elecciones de la FEUE de Quito, el final esperado, que fueron construyendo los medios desde antes del proceso, fue el de la derrota del FRIU. Desde tempranas horas, antes de que se inicie el proceso, se escucharon comentarios como el de Félix Narváez, de Ecuavisa: “… al parecer la historia de la universidad podría cambiar”.

Y hay que decir que este final ha sido localizado desde hace varios años en el imaginario de muchas personas, bajo la constante ofensiva ideológica anticomunista, anti FEUE que los medios se han esforzado por posicionar en sus tratamientos informativos. Es una “opinión pública” impuesta por la fuerza, con el mecanismo de la repetición continua y en coro.

Como lo describe Noelle Neumann, en “La espiral del silencio”: la opinión pública es la creación de una realidad social mediática que se legitima en la repetición por diversos medios, y que presiona a los individuos a alinearse con la versión del poder, aún en contra de sus propias sospechas o convicciones. Así, según lo que se mira, escucha y lee en los medios, parecería que la opinión pública cree que el peor mal de la Universidad Central son los “chinos” del MPD (versión que no puede ser confirmada en la realidad, ya que el fraude fue un hecho cierto), por lo tanto, quien mira eso en los medios también tiene que asumir esa opinión, para no sentirse excluido socialmente, agredido por sus opiniones divergentes. Siente miedo de opinar diferente.

Esa “opinión pública” la crean personajes como Jorge Ortíz, quien al entrevistar al asambleísta del MPD, Jorge Escala, mostraba a este partido como una especie de mafia, no un partido político organizado que tiene su propia estructura y funcionamiento, sino una organización que manipula e impone terror al interior de las universidades. “Todos sabemos que el FRIU es del MPD”, decía testarudamente Ortíz, que antes que formular preguntas hacía acusaciones.

“La noticia periodística comparte con la educación la función de difusión y consolidación de imaginarios, símbolos, valores y tradiciones”, sostiene la profesora argentina Stella Martín, al referirse al papel que cumplen los medios en la generación de la realidad social. Y esa realidad trata de ser legitimada por los espacios de opinión como el de Jorge Ortíz; o el de Ecuador TV, donde se le entrevistó al nuevo presidente de la FEUE, Carlos Torres, o mejor sería decir: donde se lo homenajeó, mostrándolo como lo mejor del pensamiento y la representatividad estudiantil universitaria.

Se trata de un discurso comunicacional que contiene, como lo señala el semiólogo Victorino Zecchetto, un texto (el mensaje informativo propiamente dicho), un contexto (escenario socioeconómico, simbólico y cultural) y una percepción específica (condiciones concrertas de la audiencia).

Es decir, no solo es una cobertura periodísitica, sino un proceso de generación de sentido, que está destinado a “difundir un hacer creer”, según Zecchetto.
“Los discursos (comunicacionales) forman parte de las relaciones de poder, y por consiguiente son el resultado de las pugnas ideológicas que se dan en el seno de los grupos humanos”, explica este semiólogo.

En la Universidad Central se expresó, una vez más, la acción concertada del poder y los medios masivos para contar una historia de determinada manera, crear una realidad social ficticia e imponer una falsa “opinión pública”. Se trata del uso de armas de destrucción masiva de la conciencia, que si bien no generan en todo el movimiento estudiantil la destrucción que pretenden, sí lograrán imponer dudas y hasta temores, confusiones que no le hacen daño solo al FRIU, o la MPD, sino al proceso revolucionario.

Está probado, entonces, que la batalla de la izquierda no solo se libra en el campo de la movilización de las masas, en el debate frente a ellas, en la lucha política al interior de la institucionalidad, sino también, y de manera muy importante, en el terreno de la comunicación, de la generación de sentidos.