lunes, septiembre 29, 2008

Entramos a una nueva etapa de confrontación política

La aprobación de la Constitución abre una nueva etapa política en la vida del país, en la que la confrontación entre los intereses de los trabajadores y pueblos del Ecuador con los de las clases dominantes y el imperialismo marcarán su característica, confrontación que por cierto irá en un proceso de constante agudización.

Las fuerzas populares y políticas de la tendencia progresista y de izquierda, tienen la responsabilidad de trabajar para profundizar el proceso de cambio político del país, lo que implica velar porque toda el andamiaje jurídico se ponga en correspondencia con los principios y preceptos fundamentales de la nueva Constitución y, al mismo tiempo, para asegurar que aquellos no sean vulnerados. La aprobación de importantes leyes que le corresponde cumplir a Comisión Legislativa y de Fiscalización (que tiene las funciones de la Asamblea Nacional) será escenario de una fuerte lucha política, no solo entre la tendencia y la derecha, sino inclusive al interior de la primera, pues es evidente que en ella existen sectores “conservadores”. Es un hecho que la derecha buscará ya sea impedir la aplicación de los aspectos más progresistas de la Constitución o, al menos, mediatizarlos, pretensión que deberá ser frenada con la denuncia y la movilización popular.

La derecha no se resigna con los resultados; tras un compás de espera (si es corto o no, es un elemento secundario) buscará articular una oposición cada vez más intensa y agresiva, aún a pesar de las debilidades que ahora nuevamente quedaron al descubierto. Recogiendo la experiencia internacional, como se conoce que la está aprovechando, procurará acumular fuerzas entre sectores populares y particularmente entre los sectores de la juventud para ubicarlos como fuerza de choque, con acciones de calle, como ya experimentó en la etapa final de esta campaña.

En otro aspecto, con el triunfo de Sí, y por la naturaleza del debate ideológico y político producido en la campaña, a lo que se suman las prerrogativas que la nueva Constitución brindan para la organización popular, sin duda alguna se producirá un despertar de la acción y participación política de los sectores populares, lo que las fuerzas revolucionarias tenemos que potenciar y aprovechar, para enrumbar ese accionar hacia los objetivos revolucionarios, impidiendo que se encadene a un proyecto que, siendo progresista, no ponga como objetivo estratégico la lucha en contra del capitalismo.

La victoria del Sí es el resultado del accionar de muchas organizaciones populares y políticas; ese caudal, ese potencial debe ser aprovechado para, en unidad de acción, enfrentar las provocaciones y la reacción de la derecha y el imperialismo. Las posiciones exclusivistas y excluyentes que en algunos dirigentes de PAIS se han hecho evidentes en este proceso no contribuyen a la unidad de acción de quienes son los artífices del triunfo del 28 de septiembre: los trabajadores y los pueblos del Ecuador.

La derecha no pudo engañar al pueblo

Por cuatro ocasiones seguidas la derecha ha sufrido duras derrotas; la del 28 de septiembre tiene connotaciones ideológicas y políticas trascendentes. El pueblo votó para echar al tacho la Constitución neoliberal con la que la burguesía y el imperialismo se festinaron los recursos del estado y el pueblo, privatizaron las empresas estatales, dejaron sin presupuesto al sector social (educación, salud, vivienda), pisotearon la soberanía nacional…

Su campaña de mentiras y engaños no produjo los resultados por ella esperada. La oligarquía creyó que introduciendo en el debate temas como la supuesta aprobación constitucional al matrimonio gay o al aborto, lograría el alejamiento de las masas del proyecto político de cambio en curso, mas, se produjo un efecto bumeran, pues, quienes levantaron la campaña por el No terminan ésta más desprestigiados que cuando la iniciaron.


No solo actuaron contra corriente, lo hicieron también con elementos descalificados y débiles políticamente: Nebot, cuyo liderazgo no va más allá de la provincia de Guayas; Lucio Gutiérrez, marcado por el desprestigio de encabezar un gobierno corrupto y entregado a la oligarquía y al imperialismo; la Democracia Cristiana, sobre la cual pende la sombra del corrupto Jamil Mahuad; Álvaro Noboa, conocido como oligarca evasor de impuestos.


Conocedores de su desprestigio, en muchos casos canalizaron su actividad a través de supuestos movimientos independientes e inclusive pretendieron manipular el anhelo de cambio existente en el pueblo, acuñando la idea que “el cambio no es por ahí”.


Mañosa y peligrosamente, Nebot una vez más tomó como elemento de agitación política la idea de la supuesta confabulación de todos contra Guayaquil, para exacerbar un criminal regionalismo tendiente a crear condiciones para materializar su proyecto separatista.

Punto aparte merece el análisis del comportamiento de las cúpulas de las Iglesias (católica y evangélica). Éstas apostaron al sentimiento religioso para orientar el sufragio popular a favor de la derecha. Arregui y su grupo salen de este proceso desprestigiados, identificados como defensores de los intereses de las clases dominantes, signados como un grupo que no tiene empacho en mentir y engañar al pueblo para preservar sus intereses y los de las clases dominantes.

En general el discurso de la derecha acudió al anticomunismo, a crear miedo entre los ecuatorianos sobre supuestas expropiaciones a pequeñas propiedades de campesinos, artesanos o profesionales medios; jugó a crear miedo e incertidumbre en torno a un futuro del país con más desempleo, con una economía en quiebra por falta de inversiones extranjeras y el abandono de la dolarización.

Sin duda, un puntal para la acción de la derecha fueron los grandes medios de comunicación. Periódicos como El Universo, el Comercio, La Hora, Expreso, Hoy, El Tiempo; todas las cadenas nacionales de televisión (excepto RTU); emisoras radiales estuvieron abiertamente al servicio de la derecha, cumpliendo el papel de difusoras de toda la basura reaccionaria y anticomunista ideada por la derecha. Todos ellos forman parte del cartel de perdedores. Su credibilidad está por los suelos.


La mentira, el anticomunismo, el chantaje, la manipulación de la fe religiosa chocaron con un anhelo de cambio que se mostró más firme y fuerte que todas las maquinaciones burguesas.

El pueblo ratifica su vocación de cambio

Editorial del Semanario En Marcha

Los trabajadores y pueblos del Ecuador, las organizaciones populares, progresistas y de izquierda han conquistado una nueva victoria ideológica y política en el referéndum del pasado 28 de septiembre, han propinado una dura derrota a la oligarquía y al imperialismo, a las posiciones de derecha y pseudoizquierdistas que levantando las banderas del No y el voto nulo, pretendieron impedir que el pueblo dé un nuevo paso adelante en la lucha por la conquista de una patria nueva.

Un importante sector de nuestro pueblo votó Sí tras participar en debates y discusiones respecto del contenido de la nueva Constitución, y no únicamente por influencia de la publicidad gubernamental, como ahora pretenden explicar los analistas burgueses.

La contundente victoria del SÍ expresa el desarrollo de la conciencia política de los trabajadores y pueblos, la fortaleza para resistir una agresiva campaña de la derecha que pretendió manipular elementos sensibles y religiosos, que tuvo en las cúpulas de las iglesias a unos de los principales protagonistas de una campaña de evidente contenido anticomunista.

Ellos, junto al socialcristianismo encarado en la acción de Jaime Nebot, el Partido Sociedad Patriótica de los hermanos Gutiérrez, la Democracia Cristiana hoy representada por Diego Ordóñez, el PRIAN del oligarca Álvaro Noboa, los representantes de las cámaras empresariales, como Blasco Peñaherrera de la Cámara de Comercio de Quito, los comensales de ONGs internacionales como César Montúfar, los grandes medios de comunicación, entre otros, son los derrotados en este proceso político. Su ofensiva política archireaccionaria distorsionadora de la verdad no produjo el resultado esperado; el pueblo sobrepasó la mentira y votó por el cambio, contra el neoliberalismo, contra el pasado de oprobio por estos representado.

Este proceso estuvo matizado por una aguda confrontación ideológica y política; la lucha de clases ha tenido una intensa dinamia y una clara agudización. La culminación del proceso aprobatorio de la Constitución y la aceptación que la oligarquía ha hecho de los resultados no rebaja, y menos lo hará en el futuro, la confrontación de clases. Esta es “apenas” una batalla más, y la vigencia de la nueva Constitución marca el inicio de un nuevo periodo de intensa acción política que tendrá como uno de sus elementos la discusión y aprobación de un conjunto de normas legales que viabilicen el contenido de muchos preceptos y principios establecidos en la constitución, proceso en el que chocarán los puntos de vista e intereses de las clases trabajadoras, por un lado, y de las clases dominantes y el imperialismo, por otro. La lucha política sigue y tomará nuevo vuelo.

Este resultado afirma en nuestro pueblo la confianza en su accionar político, en sus capacidades y potencialidades; consolida la tendencia democrática, progresista y de izquierda; apuntala al gobierno de Rafael Correa y de manera particular a éste; crea condiciones ideológicas y políticas para una más intensa participación popular en la vida y quehacer políticos del país. La izquierda revolucionaria culmina esta batalla como uno de los sectores más consecuentes comprometidos con el Sí, con el cambio político-social; como uno de los más firmes combatientes contra la oligarquía y el imperialismo.

domingo, septiembre 28, 2008

Aplastante victoria del SÍv

Noticia escrita a las 17h12

Los resultados del exit poll dan un contundente triunfo al SÍ en el referéndum realizado el día de hoy, 28 de septiembre en Ecuador. De acuerdo a la encuestadora CEDATOS, que ha mantenido una clara identificación con quienes impulsaron el NO, el 69,9 % de los ecuatorianos votaron por el SÍ, a nivel nacional, y el 24,9 % por el NO. Se habrían registrado el 3,7% de votos nulos y 1,5% en blanco.

En Guayaquil, considerado como el fortín de la derecha y en donde el alcalde Jaime Nebot apostó todo lo posible para favorecer al NO y la gran prensa anunciaba que allí ganaría el voto negativo, se conoce que el SÍ llegaría al 49% de votos, lo que implica un triunfo del SÍ.

Los resultados evidencian una nueva victoria política del pueblo ecuatoriano, de la tendencia democrática, progresista y de izquierda que consolida posiciones en la correlación de fuerzas políticas de la sociedad ecuatoriana. La derecha ha recibido un duro golpe.

Crisis mundial: El colapso capitalista inaugura una gran crisis política


Jorge Altamira (Tomado de ARGENPRESS.info)
La semana pasada, el sistema financiero de los Estados Unidos colapsó. Es necesario decir esto en forma clara y neta, porque muchos izquierdistas, al cabo de un prolongado período de domesticación política, ven esa posibilidad - si es que existe- , en un futuro distante. La prueba de este colapso fue la intervención excepcional del Estado norteamericano y la crisis política que ha desatado.

Las crisis del capital no operan en un vacío político, sino en el marco constituido del Estado. Los Estados se entrelazan con el movimiento de la economía a través de las finanzas públicas, las cuales forman parte de la reproducción social del capital. Esas finanzas públicas no tienen una existencia exterior a la economía capitalista: son el producto de ella por el sistema de impuestos, por el crédito público y por la centralización del proceso monetario.

Dislocación

De nuevo: la semana pasada este régimen colapsó. Quebró uno de los grandes bancos de inversión (Lehman Brothers), con una deuda de 600.000 millones de dólares; fue nacionalizada una aseguradora, con obligaciones por un billón de la misma moneda; fue liquidada otra banca, Merril Lynch, en beneficio de un competidor, Goldman Sachs, el cual fue socorrido enseguida por el Banco Central, que le aseguró su respaldo al reconvertirlo en un banco comercial. Diez días antes, el Estado había nacionalizado dos entidades bancarias semipúblicas, Fannie Mae y Freddie Mac, con deudas conjuntas de cerca de seis billones de dólares. El punto culminante de la crisis fue cuando quedó en evidencia la bancarrota de uno de los principales fondos que invierten en colocaciones de cortísimo plazo, amenazando un mercado de 3,5 billones de dólares. El régimen monetario se congeló: los capitales empezaron a abandonar todas las formas de inversiones para refugiarse en títulos del Tesoro norteamericano, el cual de esta forma llegó al record en un período no deflacionario: 0,25 por ciento de interés anual. En contraposición con esto, la tasa de préstamos entre bancos de primera línea subía a casi un 7 por ciento, una suerte de riesgo-bancario de 2.800 puntos (como en los peores momentos de la bancarrota de Argentina en 2001), aunque sin que se registraran operaciones relevantes, de las que todo el mundo rehuía. El sistema monetario estaba paralizado. La Reserva Federal, el banco central de los Estados Unidos, había perdido el control de la política monetaria, toda vez que su tasa de fondos federales, del 2 por ciento, no ejercía la menor influencia en el mercado. No solamente esto, sino que también ella veía cernirse la amenaza de la bancarrota, pues sus reservas habían caído a menos de la mitad a fuerza de absorber títulos incobrables de bancos en quiebra, a los cuales entregaba, a cambio, títulos del Tesoro norteamericano. El secretario del Tesoro tuvo que anunciar una re-capitalización de la Reserva Federal, mediante la emisión de títulos públicos. Cuarenta y ocho horas después la sacó directamente de circulación, al hacer conocer la intención del gobierno de comprar él, directamente, cualquier activo que le ofrecieran las entidades financieras, de cualquier tipo y carácter, por un mentiroso estimado de 700.000 millones de dólares. Lo que está en juego, sin embargo, supera ese monto por un múltiplo que nadie conoce.

Los papanatas nacionales y populares descorcharon las botellas para celebrar esta intervención estatal, quizá porque servía para avalarles la operación similar que ellos acaban de hacer con Aerolíneas (rescatar a Marsans y a los acreedores de AA) o, más atrás, el rescate de los bancos en el colapso de 2001. Saludaron al ‘neoliberal' Paulson, el secretario de Bush, por su reconversión al ‘keynesianismo'. Pero la tradición del rescate bancario tiene varios siglos encima, no está asociada a ningún economista reciente, aunque cualquiera de ellos y el mismo Keynes hubieran defendido cualquier protección de la propiedad privada de los grandes banqueros. El llamado keynesianismo es una política de estímulo a la demanda en un período de recesión o depresión económica. No es eso lo que intentan hacer ahora los amigos de Bush.

Quiebra el plan de rescate

Si bien la Bolsas mundiales saludaron con euforia la intervención, el entusiasmo se disipó enseguida y ha desatado - como lo previmos en estas páginas la semana pasada- , una crisis de régimen político ¡al punto que Mac Cain ha decidido suspender la campaña electoral! En la edición anterior, entre números y cifras, advertimos la posibilidad de un adelanto de la transferencia del mando y el establecimiento de un régimen de emergencia. Para cualquiera es claro que el supuesto plan de Paulson está condenado al fracaso, y por eso enfrenta resistencias cada vez mayores en el Congreso de Estados Unidos. El editor del principal diario financiero del mundo, Martin Wolf del Financial Times, acaba de bajarle el pulgar: "El plan de Paulson no es la verdadera solución a la crisis" es el título de su último artículo, una condena que suena muy fuerte porque viene de alguien que hasta hace poco consideraba que "la única salida es la nacionalización". Antes de que ese plan vea la luz, entonces, es más probable que Paulson tenga que dejar el Tesoro. En ese caso se formará un gobierno interino, al menos en el campo financiero, que reunirá a los dos partidos dominantes; se formará una coalición y Bush quedará como un mascarón de proa. A los que ven el colapso en el futuro hay que advertirles que la sociedad norteamericana se encuentra conmovida hasta sus cimientos.

En realidad, la crisis financiera está lejos de haber agotado su curso. Hasta ahora todo ha girado en torno a los créditos hipotecarios y a la bicicleta financiera vinculada con esos créditos, que ha puesto en circulación valores ficticios varias veces superiores al movimiento de crédito que le dio origen. La toxicidad hipotecaria acabó con varios niveles de finanzas hasta llegar al colapso reciente. Pero el movimiento financiero no se limita al mercado hipotecario: también están todas las formas de crédito al consumo, las tarjetas de crédito, los créditos a las corporaciones, el mercado de acciones y su financiamiento y, en el tramo superior, la financiación de la compra, liquidación y reestructuración de empresas. En todos estos sectores la situación es de completa crisis, pero importa destacar al que afecta a las grandes corporaciones, pues se estima que los bancos tienen operaciones de transferencias de empresas sin completar, en Estados Unidos, por más de un billón de dólares. O sea que han adelantado el dinero para ello a cuenta de grupos financieros que podrían no proceder a completar el negocio en las nuevas circunstancias, ni podrían ser sustituidos por la colocación de títulos en los mercados públicos. Por eso, el Financial Times puede decir (24/9) que "el costo del rescate es imposible de de estimar", o sea que puede superar largamente los mencionados 700.000 millones de dólares.

Concurso de acreedores

El plan de rescate tiene particularidades que ponen de manifiesto la enorme crisis de conjunto que está atravesando el capital. Se trata de un proyecto de apenas dos hojas que equivale a un cheque en blanco para el secretario del Tesoro, que en el pasado reciente fue el mandamás de Goldman Sachs. No tiene un método de evaluación de los rescates, ni un método de responsabilidades políticas. Bastó que el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, confesara al Senado que la intención era comprar los títulos invendibles de quien lo solicite bastante por encima de su valor, para desatar una crisis parlamentaria. Ocurre que este diseño sirve también para capitales que no están en quiebra y que pueden utilizar esta posibilidad para reforzar sus negocios sacándose de encima la porción de sus activos que es incobrable. En este caso, el proyecto no serviría para parar quiebras sino como instrumento de una política de concentración financiera dictada desde el Tesoro norteamericano. El plan, sin embargo, no tiene ninguna previsión de rescate para las familias con deudas hipotecarias, alegando que podría beneficiar a las que no tienen dificultades en pagarlas. Sin una contrapartida para las familias endeudadas, el plan es políticamente inviable, en especial en un período electoral, pero además no serviría para poner fin al problema de origen: la incapacidad para pagar esas hipotecas.

Los círculos capitalistas se encuentran completamente confundidos acerca de esta crisis y además enfrentados por salidas antagónicas que tienen que ver con su diferencia de intereses y de posiciones. Cuando desecha el plan Paulson, el ya mencionado editor del Financial Times dice que no existe ninguna posibilidad de recuperar los precios de los títulos invendibles, que es lo que pretende el plan con su compra por parte del Estado, simplemente porque la deuda de los grupos financieros afectados ha llegado a tal magnitud que "es impagable". Lo que se sobreentiende aquí es algo más: que el intento de re-comprarla puede hundir financieramente varias veces al Estado. En este caso el plan Paulson conduce a una debacle cósmica. Sorprendentemente propone, sin embargo, como alternativa que los acreedores la usen para recapitalizar las empresas en estado de quiebra, o sea que se reconozca valor de capital a créditos que no tienen valor. Lo que debe entenderse, en realidad, es esto: el acreedor renuncia a recuperar su crédito (pierde su capital) hasta el valor resultante de la empresa o banco en quiebra. La sociedad capitalista debe entrar en un concurso de quiebra, con las convulsiones sociales y políticas correspondientes.

El Estado es parte del problema

¿Entonces qué dicen los economistas y banqueros que aprendieron de la debacle de los años '30? ¿Cómo están funcionando ‘los instrumentos institucionales' que habrían sido diseñados para prevenir, controlar o pilotear crisis de fondo? ¿Qué queda de la alegre fantasía ‘progre' de que el capitalismo es un proceso de reciclaje? ¿Dónde está la ‘ley de hierro' que dice que el capital está protegido de su extinción por el Estado? Todas esas ‘instituciones' han servido para darle a la crisis una amplitud inigualable. Bancos, mercados de capitales, sistemas monetarios han servido para separar hasta proporciones o niveles desconocidos el valor de cambio de las mercancías producidas (y de toda actividad social en general) de su valor de uso social; al capital del trabajo; a la producción de la acumulación, para darle en definitiva esta dimensión colosal a la crisis. El Estado no es la solución del problema sino parte de él, y es por eso que el derrumbe actual es, ya mismo, potencialmente revolucionario.

Varios economistas han atribuido la incapacidad del Estado para intervenir en forma satisfactoria en la crisis en curso al enorme déficit fiscal generado por los gastos de guerra. La evaluación oficial del costo de la guerra de Irak, para Estados Unidos, es de cerca de 600.000 millones de dólares, pero otras fuentes multiplican esa cifra por cuatro. La crisis actual y la pretensión de Bush de conseguir un cheque en blanco para comprar valores invendibles por billones de dólares plantean una crisis decisiva para cualquier Estado: su capacidad de financiar una guerra. Es muy oportuna, por esto, la observación de un progresista norteamericano, que acaba de decir que "Paulson es a la estrategia financiera, lo que Rumsfeld (el ex secretario de Guerra que fracasó en Irak y en Afganistán) es a la estrategia militar". Sin embargo, no es cierto que asistamos a una declinación del ‘imperio americano' en relación con otras potencias o naciones capitalistas: asistimos a una explosión de escala histórica de todas las contradicciones acumuladas del capital.

La Unión Europea en una situación explosiva

Todo concepto correcto deja de ser tal cuando cruza ciertos límites. Es lo que ocurriría si la afirmación de que la crisis mundial tiene su centro en Estados Unidos supusiera que, por ejemplo, el capital financiero en la Unión Europea enfrenta una perspectiva de bancarrota mitigada o periférica a la norteamericana. En realidad, ocurre todo lo contrario, porque como lo clarifica muy bien un artículo del Financial Times (23/9), "los mayores bancos europeos no solamente son demasiado grandes para dejarlos caer sino también demasiado grandes para ser salvados". A diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, ningún Estado europeo tiene la capacidad financiera para hacerse cargo de ellos, ni la UE constituye un Estado supranacional, o sea con una capacidad de imponer contribuciones en gran escala o recurrir en esa misma medida al mercado de capitales.

Los autores de este interesante artículo señalan que el Deutsche Bank tiene obligaciones por dos billones de euros (2,8 billones de dólares) y un apalancamiento de 1 a 50, o sea que su capital es de apenas 40.000 millones de euros. La situación del Deutsche es, entonces, incluso peor que la de los norteamericanos Bear & Sterns, Lehamn Brothers o Fannie Mae, que fueron enviados a la quiebra o rescatados en forma precaria por el Tesoro de los Estados Unidos. Pero el problema europeo es que el monto del endeudamiento del Deutsche equivale al 80 por ciento de todo el PBI de Alemania, que es de 2,5 billones; o sea que su rescate está fuera del alcance de la señora Merkel. Algo similar ocurre con el inglés Barclay, cuyas obligaciones son de 1,3 billones de libras esterlinas (2,4 billones de dólares) y tiene un apalancamiento de 1 a 60, o sea que su capital es de solamente 20.000 millones de libras esterlinas. Pero, además, el endeudamiento del Barclays es igual a todo el PBI de Gran Bretaña, o sea que Gordon Brown estaría obligado a mirar el hundimiento del Barclays por TV. Son, precisamente, estas limitaciones insalvables (el déficit relativo de sus finanzas y de su crédito público) las que explican el ‘conservadurismo financiero' de los Estados europeos y del Banco Central de Europa. En resumen, Europa depende de la capacidad de salvataje del Tesoro norteamericano. Fue lo que ocurrió, cuentan los articulistas, con la nacionalización de la aseguradora norteamericana AIG pues al evitar su quiebra se salvaron, al mismo tiempo, los seguros sobre operaciones financieras de la banca europea, por una suma de 300.000 millones de dólares.

¿Y entonces? La respuesta es obvia: lo único que puede hacer la UE es suplementar las operaciones de rescate que arma el Tesoro de Estados Unidos, con la expectativa de que la crisis no voltee a sus propios grandes bancos. Esto podría producirse de diversas maneras: una es seguir comprando los títulos que emita el Tesoro de Estados Unidos para salvar a empresas en quiebra; la otra es comprar en forma ilimitada los dólares que emita Estados Unidos cuando la que compre esos títulos del Tesoro sea la Reserva Federal. Estos dólares se filtran, ulteriormente, al mercado mundial por la vía del comercio (déficit de comercio exterior) o del movimiento de capitales (salida al exterior). En su límite, esta situación es insostenible: lleva a la devaluación del dólar (revaluación del euro) y al dislocamiento monetario internacional. De todos modos, alguno de estos grandes podría caer en el próximo período con independencia de lo que intente hacer Estados Unidos o, precisamente, por el fracaso de sus planes de rescate.

Como se puede ver, la perspectiva de la Unión Europea como tal es extremadamente precaria. Los Estados nacionales no tienen los medios financieros que requiere la situación, mientras la Comisión Europea no tiene los recursos estatales y políticos. Una salida sería la de otorgar a las instituciones supra-europeas capacidades financieras y presupuestarias extraordinarias, pero esto conlleva a liquidar los Estados nacionales y a construir uno de carácter continental, lo que no podría ocurrir sino al cabo de crisis extraordinarias y prolongadas y, probablemente, de una nueva guerra que encargue esa tarea a uno o dos Estados nacionales existentes contra los otros. La otra es la disolución de la UE y, en ambos casos, se llega a una situación de conflicto terminal con el imperialismo norteamericano, transformándose en una colonia yanqui o produciendo una nueva guerra mundial.

viernes, septiembre 26, 2008

Deuda externa de Ecuador prescribió pero gobierno de Sixto Durán con artimañas la postergó 6 años más

Tomado de Ecuadorinmediato.com

Siempre hubo indicios que al Ecuador lo endeudaron, de que los acreedores de deuda presionaban para que se les siga pagando y que hubo gobiernos, cada uno en su grado, con responsabilidad o que favorecieron ese endeudamiento. Alejandro Olmos, miembro de la comisión que investiga el endeudamiento público da luces de cómo la deuda externa, al menos en un tramo pudo prescribir, pero en el Gobierno de Sixto Durán Ballén se la reactivó por seis años más, gracias a los abogados de los acreedores que incluso lograron a estar en el Ministerio de Economía.

Olmos reveló que un primer punto es que la deuda de Ecuador se origina en la dictadura del triunvirato: de Poveda Burbano, Durán Arcentales y Leoro Franco; ahí hay un endeudamiento agresivo que después no se puede pagar; de ahí viene la famosa estatización de la deuda privada y llega Oswaldo Hurtado, quien realiza el primer contrato Elera 83; con acuerdo del Fondo no se puede cumplir, se vuelve renegociar y se suscribe el Elera 84 además de una serie de convenios complementarios de dinero fresco que nunca llegaba al país sino que se utilizaba para pagar este reciclaje de la deuda.

Después viene el Mira 85 que firma León Febres Cordero con otros convenios complementarios; el Ecuador deja de pagar la deuda en el 86 y de acuerdo con el estatuto de limitaciones de la Corte de Nueva York, esa deuda prescribía de pleno derecho en el año 1992.

Como los acreedores no habían iniciado acciones judiciales, en el 92 al Ecuador le resultaba inexigible una deuda de 7 000 millones de dólares, pero los abogados de los acreedores amenazan al Ecuador.

Existe un memorándum del Banco Central diciendo que si el país no firma determinados documentos van a inundar de demandas al Ecuador, cosa que no era demasiado probable porque la iniciación de acciones judiciales necesita de una serie de elementos muy concretos.

“Y como resultado de la amenaza -también dudo a lo mejor si ese documento fue fabricado para justificar lo que se hizo- en cuatro días, desde el 5 de diciembre al 9 de diciembre de 1992, en actos de celeridad notable hay dictámenes de la Junta Bancaria, del Banco Central del

Ecuador, resolución del ministro de Finanzas encargado Sebastián Pérez Arteta, miembro del estudio de abogados Pérez Bustamante Pérez, que son abogados de los acreedores, decreto del Presidente de la República Sixto Durán y finalmente el 9 de diciembre, Ana Lucía Armijos, gerente del Banco Central del Ecuador y Mario Rivadeneira Traversari, ministro de Finanzas, firman en Nueva York una declaración unilateral”.

En ella el Ecuador renuncia a los derechos soberanos del país, a la prescripción de la deuda y actualizando esa deuda vencida o parte a vencerse, actualizándola por otros 6 años más y permitiendo “el fraude del Plan Brady”, no se dejó que prescriba la deuda.

Explicó que Mario Rivadeneira, el ministro titular, firmó en Nueva York ese convenio pero con una particularidad porque además fue tal el apuro, dijo Olmos, “porque acá el problema es que yo creo, a través de las cosas que hemos visto, que se hacían las cosas y después habían que firmar los papeles para convalidarlas”.

Uno de los ejemplos claros es que esta declaración unilateral que se firma, una de las firmantes es la señora Miriam Mantilla, que era cónsul del Ecuador en Nueva York, ella firma en representación de 14 entidades del sector público ecuatoriano, por ejemplo Petroecuador, Municipio de Quito, Ambato, Empresas de Electricidad, etc., pero cuando lo firma no tenía facultades legales para hacerlo porque los poderes que le dieron las 14 empresas fueron emitidos 5 y 8 días después de la firma del convenio.

“Además no tenía personería para actuar, cuando pido los poderes a la Procuraduría del Estado porque había la posibilidad en el derecho administrativo donde se pueden cometer errores subsanables, entonces pensé que estas empresas le dieron el poder después, pero en el poder ratificaban lo actuado y subsanaban el error; sin embargo en esos poderes se le da poder para que actúe desde la emisión del poder y no la ratifican en nada de lo que se haya hecho, inclusive el Presidente Durán emite una autorización para que esta señora firme recién 20 días después de firmado ese instrumento”.

De esta manera se genera un perjuicio de 7 000 millones de dólares para el Ecuador en el año1992.

Pero hay más: el Congreso de ese entonces hace una acción a través de una comisión presidida por el demócrata popular Ramiro Rivera Larrea, quien manda al Procurador,un oficio para que le diga que si efectivamente, cuando se firmaron esos convenios, la representantes de las entidades ecuatorianas estaba autorizada.

El Procurador de ese entonces, Carlos Larreátegui Mendieta, informa que sí estaban autorizados y acompaña los poderes que demuestran la autorización. “Pero yo cuando vi el documento no lo podía creer: Larreátegui dice que estaban autorizadas y los poderes que manda tiene una fecha posterior a la firma del convenio, por supuesto reciben eso en el Congreso lo guardan y hasta luego”.

Ahora se estudia la manera en que se pueda castigar estas irregularidades, la Fiscalía investiga si se puede tipificar el delito de fraude ideológico, entre otros delitos que se pudieron haber dado.

miércoles, septiembre 24, 2008

Lucha ideológica, una batalla que hay que ganar

Por: Franklin Falconí S. Editor del Quincenario Opción
Si usted ha resuelto votar SÍ, no solamente que ha decidido respaldar la vigencia de un texto constitucional, expresa también un compromiso con el cambio, y esto significa que está de acuerdo con participar en los asuntos del Estado, porque ese es, precisamente, uno de los fundamentos sobre el cual se basa el nuevo régimen constitucional propuesto para referéndum (el título cuarto del proyecto, sobre participación y organización del poder, así lo establece).

En el Ecuador se ha producido un fenómeno que ya es la regla en toda la región: la gente discute de política de manera cotidiana, pelea no solo por reivindicaciones parciales, sino por derechos a largo plazo, ha despertado de ese gran letargo que le causó la embestida neoliberal y busca participar en la consecución de un cambio. Y el proyecto de nueva Constitución solo refleja ese nuevo momento que se vive en América Latina.

Este hecho, como es obvio, tiene su correlato en la acción cada vez más violenta de la oligarquía, que al ver amenazados sus privilegios recurre a esas viejas prácticas de infundir miedo en la población acerca del comunismo: le dice a la gente que si apoya la nueva Constitución se le llevarán su vaquita, su terrenito, su taxi, que se afectará la moral de la familia pues habrá matrimonio entre hombres, que reinará el autoritarismo, que ase afectará la libertad... No sería raro que, tal como ocurría en los años 60, comiencen a estallar bombas en las puertas de las iglesias, y que se atribuya estos actos a los comunistas.

La oligarquía entiende que a esta nueva realidad de masas populares activas hay que oponer también masas que enarbolen las tesis de la derecha, y en ese propósito trabaja. Espera convertir a Guayaquil en su reducto, y seguir las pautas separatistas y conspiradoras que el imperialismo ha trazado en Bolivia, Venezuela y en todo el mundo.

Pero más allá de esa campaña del miedo que ha impulsado la derecha, y de sus acciones desestabilizadoras, hay que destacar que el debate se ha tornado esencialmente ideológico, algo que durante el neoliberalismo era impensable: la oligarquía, ya sea a través de sus voceros más viejos, o de los que están en formación, defiende sus propias concepciones sobre trabajo, libertad, democracia, justicia, etc.

Aterrados, gritan que el Estado no tiene por qué quitarles sus propiedades, que han sido obtenidas, según dicen, “con mucho trabajo”, para entregárselas a otros. Su interpretación del nuevo texto constitucional es que el Estado se llevará la mitad de lo que producen con sus empresas, lo cual no es cierto, ya que sobre la propiedad las cosas, en esencia, siguen como estaban en la Constitución de 1998. A lo que se oponen en realidad es a rendir cuentas acerca de sus negocios, a pagar los impuestos que siempre han evadido, a contribuir en el desarrollo nacional.

Según ellos, trabajo es haber vivido todo el tiempo del trabajo ajeno, de cientos, miles y millones de obreros y campesinos. Les aterra pensar que esa idea de trabajo cambie, y algún día se vean forzados a tomar un azadón si son agricultores, o a ponerse un overol si son industriales.

Para ellos no hay dios más sublime que la propiedad privada sobre los medios de producción, ni siquiera el que monseñor Antonio Arregui evoca en sus misas campales. Redistribuir las tierras entre los campesinos que la trabajan es impensable, repartir de forma equitativa la riqueza del país, ¡una locura!

La libertad, para ellos, es la posibilidad de acumular riqueza con la explotación a los trabajadores y de tener campo abierto para aplastar a los más débiles. Según dicen, ahora vivimos bien porque usted “es libre” de comprarse una casa en la playa o una posilga en los suburbios, si tiene dinero o no es otro problema. Hay libertad, dicen, porque usted puede ganar dinero con lo que sea, si embotella líquido vital y lo vende, o si se dedica a la pornografía, o si arma espectáculos circenses y los vende por reales en la televisión. No hay límite para esa libertad. Usted es libre sin importarle el resto, es libre por usted y para usted.

Para los trabajadores y los pueblos, en cambio, ese concepto es diametralmente opuesto. Usted solo puede ser libre si los demás son libres, es decir, si las causas para la inequidad se eliminan y si las fuerzas productivas de la sociedad materializan la esencia humana: el trabajo, en una relación racional con la naturaleza y en igualdad social.

Es el momento de la lucha de las ideas, que acompañe a la acción política constante, a la organización. Se vuelve fundamental, entonces, tomar de la historia, y de la realidad que viven las familias pobres de nuestro país, los elementos necesarios para explicar la idea de la emancipación, para involucrar a las masas en la construcción de su historia.
Es el momento de la lucha de las ideas, que acompañe a la acción política constante, a la organización. Se vuelve fundamental, entonces, tomar de la historia, y de la realidad que viven las familias pobres de nuestro país, los elementos necesarios para explicar la idea de la emancipación, para involucrar a las masas en la construcción de su historia.

Recuperando la universidd pública

Por: Sebastián Cevallos, presidente nacional de la FEUE

Está claro seguramente para la mayoría de los/las lectores que la Constitución del 98 representó uno de los más grandes atracos de nuestra vida republicana. Significó la implementació n de un modelo económico “el neoliberalismo” por “vía constitucional” que trajo consigo la privatización de los sectores estratégicos del estado, el achicamiento del estado, la sumisión del país a las cartas de intención que nuestro Ecuador firmaba cada tanto con los organismos internacionales. En el caso de la educación y la salud la idea consistía (desde el punto de vista del neoliberalismo) en que los mismos dejen de ser derechos de la población y pasen a ser servicios que podían ser provistos por el Estado o por las empresas privadas, en lo que los neoliberales han llamado la libre competencia o el gran protagonismo del mercado por sobre los Estados y las economías nacionales.

La Constitución del 98 en el caso de la educación superior permitió el fortalecimiento de las universidades particulares, muestra de aquello es que en el Ecuador en los últimos 10 años se crearon 24 universidades particulares, y en el mismo tiempo únicamente se crearon 6 públicas.

¡Somos el único país que financia universidades privadas con fondos públicos!, si como lo lee, el Estado les entrega a 9 universidades particulares el 10% del presupuesto total del sistema de Educación Superior, y no solo eso, sino que hasta hace muy poco las universidades particulares se beneficiaban del 62% de la donaciones del impuesto a la renta, aquello fue eliminado sensatamente por la Asamblea Constituyente.

Se implementó en algunas universidades un sistema inequitativo de ingreso a partir de un examen, que no hizo más que restringir el acceso de los/las más pobres a los centros de educación superior. Además de un solo plumazo, los asambleístas del 98, nos arrebataron la gratuidad de la universidad, generando un sistema de aranceles que hoy en algunas universidades del país se transformó en las carreras autofinanciadas, en cobros hasta “por el aire que se respira”. En nuestro país solamente uno de cada 10 bachilleres puede ingresar a las universidades del país; tenemos una de las tasas de matriculación universitaria más baja de América Latina.

Estamos a las puertas de aprobar un texto constitucional que nos permite recuperar la Universidad Pública para los pueblos, para los más pobres. El recuperar la gratuidad de la universidad es razón suficiente para votar favorablemente el 28 de Septiembre; y es que el consagrar la gratuidad implica reconocer sobre todo el derecho que tenemos los/las jóvenes de poder ingresar a los centros de educación superior.

Se redactan además derechos fundamentales de la Universidad Pública como: las pre asignaciones, es decir el constitucionalizar las rentas tanto para la Universidad así como para la ciencia y la tecnología; por primera vez de las 19 Constituciones que ha tenido nuestro país se eleva a norma constitucional el Cogobierno; se propone un sistema de nivelación y admisión que democratice el ingreso de la juventud, que termine con las inequidades que se crean en el Sistema de Educación Nacional.

Esta constitución le hace una apuesta fuerte a recuperar la educación pública para la juventud ecuatoriana, a partir de ello, una Universidad Pública donde se forjen las soluciones para los problemas nacionales, para las necesidades del país.

La propuesta de Constitución que se encuentra en debate en estos días en el Ecuador, contó con la participación de los/las estudiantes universitarios para su redacción; empezamos a escribirla desde el mismo momento de aprobada “si alguna vez se aprobó” la Constitución del 98. Fuimos los/las estudiantes la fuerza que combatió en todos los ámbitos por defender la Universidad Pública para los pueblos; quienes no hemos permitido la completa intervención del neoliberalismo y sus voceros en nuestras universidades. Somos quienes hemos defendido la Autonomía cuando fuimos reprimidos por los gobiernos de turno. Esta constitución sin duda lleva la voz de miles y miles de jóvenes que luchamos día a día por un Ecuador solidario, justo y equitativo.

lunes, septiembre 22, 2008

Se pide al Congreso que apruebe $700 mil millones para rescate económico de Wall Street

El Departamento del Tesoro ha solicitado formalmente al Congreso que apruebe un rescate económico de $700 mil millones para la industria financiera, y que cree un fondo gubernamental para comprar activos ilíquidos. La propuesta de la administración Bush podría ser el mayor rescate económico de la industria privada realizado por el gobierno en toda la historia del país. Algunos analistas dicen que el costo final para los contribuyentes podría llegar al billón de dólares. Durante el fin de semana el monto del rescate propuesto creció cuando la administración Bush declaró que los bancos extranjeros, entre los que se encuentran Barclays y UBS, también estarían entre los que recibirían el rescate. El Financial Times informa que algunos grupos de la industria están haciendo lobby para incluir una cláusula que permitiría a los bancos justificar cualquier pérdida verificada a lo largo de cierta cantidad de años, lo que determinaría que el fondo creciera aún más.

George Bush dijo: “Nuestro sistema de libre empresa descansa en la convicción de que el gobierno federal debería interferir en el mercado solo en caso de ser necesario. Dado el estado precario de los mercados financieros actuales y su importancia vital en la vida cotidiana del pueblo estadounidense, la intervención gubernamental no solo está garantida, sino que es fundamental".

Los líderes demócratas del Congreso parecen respaldar el rescate pero están presionando para incluir disposiciones que protejan a los propietarios de viviendas, limiten las compensaciones excesivas a los ejecutivos y aseguren la supervisión independiente del fondo. Según la propuesta de la administración Bush, no habría restricciones a la administración excepto la de presentar informes semestrales al Congreso. Esto daría al secretario del Tesoro facultades sin precedentes para comprar y revender deuda hipotecaria. El secretario del Tesoro Henry Paulson se opone a incluir en el rescate planes para asistir a los propietarios de viviendas que se enfrentan a la ejecución hipotecaria. Paulson dijo que el Congreso debería aprobar el denominado “proyecto limpio”.

Henry Paulson dijo: “La protección fundamental a los contribuyentes será la estabilidad que este programa de asistencia a activos con problemas proporcione al sistema financiero, incluso aunque implique una significativa inversión de dólares provenientes de impuestos. Estoy convencido de que este enfoque audaz costará mucho menos a las familias estadounidenses que la alternativa de una serie continuada de quiebras de instituciones financieras y mercados de crédito congelados incapaces de financiar la expansión económica”.

Goldman Sachs y Morgan Stanley abandonan la banca de inversión

La era de los bancos de inversión parece haber terminado. Goldman Sachs y Morgan Stanley, los últimos grandes bancos de inversión de Wall Street, se están transformando en holdings bancarios sujetos a una regulación mucho mayor.

“El parto que está teniendo Bolivia no es posible sin dolor”


Entrevista con Ingancio Ramonet
Grover Cardozo Alcalá


Sentado en una banca de la avenida Nobelvagen de Malmo en Suecia y en medio del V Foro Social Europeo, el escritor Ignacio Ramonet realiza una mirada a los duros sucesos que tuvieron lugar en Bolivia en las últimas semanas: “es normal lo que está pasando en Bolivia porque es normal que las clases sociales que dominaron el país se resistan a admitir que ese período tan feliz para ellos se terminó”.
En medio de activistas de toda Europa, Ramonet debate y comparte largas conversaciones sobre los desafíos que en el orden social esperan a Europa, en momentos en que el neoliberalismo duro empieza a hacer aguas en América Latina y otras regiones del planeta.
Por unos minutos sacamos a Ramonet del Jesus parken, un espacio en el que resaltan las whiphalas donde tiene lugar el Encuentro Latinoamericano, que es parte gran Foro Europeo.
“Bolivia es parte de una serie de sucesos que conforman un fenómeno histórico que mueve a Latinoamérica a crear la sociedad que los latinoamericanos se merecen”, afirma mientras los organizadores lo buscan nerviosos para llevarlo al próximo seminario.
Lacónico y directo reclama para Bolivia el sentido común que es necesario a todo sistema político: “Para que una democracia funcione democráticamente, la minoría debe respetar a la mayoría, porque en eso consiste el pacto sobre el que funciona la democracia. Las minorías no tienen el poder, no ejercen el poder pero tienen el respeto del poder”, dice el autor de “La tiranía de la comunicación”.

-¿Qué lectura tiene Ignacio Ramonet de los problemas políticos y de violencia que sacudieron a Bolivia en las últimas semanas?

A pesar de las tergiversaciones que introdujeron los medios, yo diría que en definitiva es normal lo que está pasando en Bolivia porque es normal que las clases sociales que han dominado el país, que se han apropiado la riqueza y que explotaron a los trabajadores de Bolivia durante siglos se resistan a admitir que ese período tan feliz para ellos se terminó.
Les cuesta reconocer que el gobierno actual tiene toda la legalidad porque ha sido elegido democráticamente y que ese apoyo ha sido reiterado en el referéndum con un resultado que no admite discusión.

Por consiguiente Bolivia es un país que está en busca de justicia social hace mucho tiempo. El gobierno de Evo Morales aporta la esperanza de responder a esas aspiraciones de las masas bolivianas. No se trata de hacer nada extraordinario, sino sencillamente de repartir un poco mejor la riqueza, establecer avances que la mayoría de los países desarrollados conocen hace siglos: alfabetización generalizada, cuidado médico generalizado, derecho para los ancianos de tener una vejez igualmente digna, justicia para todos y fin de la discriminación étnica en particular hacia la mayoría indígena.

-¿El gobierno se mueve en los márgenes de la ley y entre aquello que le permite el estado de derecho?
Todos estos proyectos son perfectamente legítimos. Son proyectos que el pueblo boliviano está reclamando hace muchos anos y que el gobierno lo está aplicando tranquilamente con la fuerza que le da la legalidad democrática. Como siempre este es el enfrentamiento de los que llevan tanto tiempo reclamando justicia y los que no quieren perder sus privilegios.
-¿Hablas de que es normal lo que está haciendo el gobierno, y en esa consideración incluyes el costo de 30 muertos y muchos heridos?

Cuando digo normal, estoy señalando que no se puede poner en marcha un proceso de esta envergadura -dando por fin justicia a los reclamos de la sociedad boliviana- sin que ese proceso suscite reticencias, reservas y protestas por parte de aquellos que pierden sus privilegios de manera histórica y definitivamente, porque Bolivia está viviendo un momento en que la historia bascula, en que la historia cambia, porque ahora la historia se divide en dos. Antes de Evo Morales y después de él y por consiguiente ese parto no se puede hacer sin dolor. Es un parto que cuesta. El gobierno de Evo Morales y la autoridades que están llevando a cabo este cambio saben que habrá obstáculos en la marcha de semejante proyecto.

Lo que pasa es que se trata de un cambio histórico que tendría que ser pacífico porque es legal, porque no ha transgredido ninguna legalidad y tampoco ningún principio fundamental. El gobierno está aplicando el programa para que el que ha sido elegido, que es un programa de reposición de la soberanía nacional. Un programa de repartición de la riqueza nacional un poco más equitativo y busca reducir el nivel de discriminación y racismo que existe en la sociedad boliviana. Todas estas, son aspiraciones perfectamente legítimas y normales que tendrían que haberse producido mucho antes. Eran las raíces de la Revolución del 52 abortadas por todo lo que paso después y se producen con 50 años de retraso.

Por consiguiente la voluntad de la mayoría de la población de que esta vez no se falle, también es muy fuerte. Entonces la responsabilidad de estas muertes (30 campesinos) la tienen las fuerzas sociales que se resisten a este cambio y lo hacen utilizando métodos que no son compatibles con el debate democrático.

-¿Es un problema que se produce en Bolivia, pero alentado desde dentro y fuera de Bolivia?
Las fuerzas que se resisten el cambio tienen apoyos en el exterior del país. Muchas oligarquías latinoamericanas apoyan a estas fuerzas conservadoras porque otras oligarquías también están conociendo este proceso en Venezuela, Ecuador, Nicaragua y en cierta medida en Brasil, Uruguay y Argentina. Estas oligarquías se dan cuenta que hay un fenómeno histórico poderoso que está moviendo a los ciudadanos latinoamericanos a que por fin se dé paso hacia un tipo de sociedad que los latinoamericanos merecen. Una sociedad de justicia, desarrollo, crecimiento y oportunidades para todos. El problema es que algunas personas, porque nacen en un tipo de familia o clase social, tienen más oportunidad que otras y eso no es normal.

-¿Que la desigualdad en América Latina va desde el punto de partida, lo que no es nada justo ni razonable?
Como punto de partida ya hay una desigualdad que no es normal. Eso no ocurre en una democracia verdadera, por lo menos no tan acentuadamente porque no se debe olvidar que en América Latina el abismo que separa a los más ricos de los más pobres es el más grande como en ninguna parte del mundo.

-¿Lo que sucede en Bolivia no sólo es efecto de fuerzas internas, sino también del exterior?
Todas las fuerzas progresistas y muchos ciudadanos y ciudadanas de buena voluntad, esperan que Evo Morales prosiga con cambios pacíficos sin que ninguna fuerza exterior contribuya a agravar y envenenar las cosas y desestabilizar a este gobierno.
-¿Algunos sectores en Bolivia, en la prensa y en la política, incluidos los prefectos opositores, afirman que quienes antes eran excluidos en Bolivia, ahora tienen la tentación de excluir a otros. A eso atribuyen sus movilizaciones incluida la que acabó en una tragedia?
Para que una democracia funcione democráticamente, la minoría debe respetar a la mayoría, porque en eso consiste el pacto sobre el que funciona la democracia. Las minorías no tienen el poder, no ejercen el poder pero tienen el respeto del poder, entonces las mayorías siempre tienen que tener el cuidado de guardar respeto a las minorías.

Por otro lado el argumento que consiste en decir que aquellos que han sido discriminados durante siglos y siglos y que ahora están en el poder, “ahora nos van a discriminar a nosotros”, es un argumento clásico de todos los cambios históricos. Lo que ocurre es que antes estaban en mayoría y ahora son minoría y de repente estiman y piensan que los que llegan ahora al poder los van a discriminar, porque piensan que se van a comportar como ellos. Lo que están haciendo con ese tipo de pensamiento y lógica es confesar que cuando ellos tenían la mayoría no respetaban a la minoría y los discriminaban porque eran mayorías electorales en situaciones donde muchas personas no votaban, como sucedía en Bolivia.

Entonces ese tipo de argumentación no se puede recibir porque nadie puede acusar a una personalidad como Evo Morales, cuya integridad moral, ética y tradición de lucha indican bien que es una personalidad muy respetuosa con todo lo que pueden ser minorías y personas. El sentimiento al que pertenece Evo Morales es un sentimiento humanista de respeto al ser humano. Entonces no lo pueden acusar de eso. Mas que acusaciones parecen acusaciones preventivas, como hay guerras preventivas, porque no se ha producido un racismo al revés. Lo que Bolivia ha conocido es el racismo de siempre y en particular contra los de siempre.

-¿La Cumbre de Unasur dio un sólido respaldo a la democracia boliviana y a Evo Morales, pero también recomendó que se instale el diálogo entre oficialismo y oposición? ¿Qué otros elementos debería tener ese diálogo que ayuden a superar la situación que se vive en Bolivia?
Yo creo que la reunión de Unasur ha sido un éxito para el gobierno boliviano porque el voto fue unánime. En América Latina nadie desea una desestabilización política o una intervención exterior. Eso pasó a la historia, a la historia de los gorilatos y América Latina afortunadamente está en otras vías y otras direcciones. Ahora la necesidad de dialogo es importante porque no se puede estar en contra y el hecho de que el presidente Lula haya estado de moderador es una garantía para todo el mundo de manera que se pueda avanzar dentro de la serenidad y la cordura. Bolivia no necesita más tragedias humanas porque ha conocido mucho de eso en su historia. Más bien necesita que de manera pacífica y solo con justicia social se llegue a la paz y sólo la paz permitirá la prosperidad para todos.


- Grover Cardozo Alcalá es periodista boliviano.

La crisis, una oportunidad

Por: Alejandro Moreano
Tomado de El Telégrafo

Una crisis financiera que amenaza convertirse en una reedición del famoso crack de 1929, ha provocado una movilización mundial del capital financiero para contenerla. Una medida ha sido la inyección de $180.000 millones, gestada por la Reserva Federal de EE.UU., el Banco Central Europeo, y los bancos de Japón, Canadá, Inglaterra y Suiza que se suman a una suerte de “salvataje bancario” de aquellas empresas responsables de la bancarrota del sistema hipotecario. Otra, la alianza de republicanos y demócratas para un programa anticrisis que busca frenar la especulación de corto plazo y que el Estado se haga cargo de los “activos fallidos” de la banca.

Hay quienes sostienen que es una crisis mundial dado que afectará también la dinámica económica de China; hay quienes sostienen que expresa el comienzo del desplazamiento de la hegemonía norteamericana a la china. De cualquier modo, tal como en el Ecuador, el “salvataje financiero” se hace a costa del bienestar de la población y de su capacidad de compra, del Estado y de los sectores productivos. Y ello provocará el agravamiento de la recesión económica cuyos efectos serán decisivos para nuestro futuro.

La derecha del NO intenta utilizarlos para golpear al Gobierno de Correa y exigir la profundización del modelo neoliberal. En ese análisis, la baja de los precios del petróleo y otras materias primas, de las remesas de los migrantes y de la contratación de créditos externos, afectarán la política de inversión social del régimen. A la par, vociferan, la política “populista” de Correa pondrá en riesgo la dolarización, miedo favorable al NO.

Más allá de los objetivos inmediatos de los analistas del NO, hay una convicción en que el desarrollo de la actual crisis, conllevaría la perspectiva de efectos similares a los provocados por la crisis de 1929; caída de los precios de los productos de exportación, disminución de las inversiones de capital Norte-Sur en el marco de un debilitamiento general de la integración económica mundial.

Si ello se produjera, el efecto inicial de la crisis sería la drástica disminución de ingresos a nuestras economías, el debilitamiento de programas sociales, incremento del desempleo y de la pobreza crítica, dura batalla por excedentes cada vez más escasos. Después del ‘29 buena parte de los países latinoamericanos se hundieron en una larga crisis de la cual no salieron sino en la posguerra.

Mas, ciertos países –México, los del Cono SUR, quizá Colombia- aprovecharon la “desconexión” con el mercado mundial para forjar procesos de desarrollo industrial que fortalecieron su mercado interno y su soberanía.

En los ‘30 y ‘40 se dieron “revoluciones burguesas” de diferente tipo que implicaron la derrota de las viejas oligarquías, la emergencia de sectores populares que generaron poderosos movimientos de masas y de la izquierda.

La crisis mundial en curso abriría esa posibilidad que se encarnaría en políticas de desarrollo agroindustrial en el interior de la integración –productiva y financiera- de América del Sur, cuya unidad política se ha visto fortalecida con ocasión de la crisis boliviana.

Insistir, entonces, en una óptica puramente “extractivista” sería ya no solo un error sino una estupidez.